martes, 25 de agosto de 2009

PAPI... Cuánto me amas?



En el día en que nuestra hija nació, mi marido no se sentía con gran alegría.
Porque la decepción que sentía parecía ser mayor que el conocimiento de tener una hija.
Ahy!!! Yo queria un hijo varon!!!
Se lamentava

En pocos meses el se dejo cautivar por la sonrisa de nuestra linda Carmencita y por la infinita
inocencia de su mirada fija y penetrante, fue entonces que el comenzó a amarla con locura.
Su carita, su sonrisa no se apartaban de él. El hacia planes sobre planes, todo seria para nuestra
Carmencita.
Una tarde estábamos reunidos en familia, cuando Carmencita pregunto a su papi, Papi,… cuando yo cumpla mis quince años, cuál será mi regalo???

Él le respondió;
Mi amor, vos tenes apenas siete años, no te parece que falta mucho tiempo para eso.
Respondió Carmencita;
Si Papi,… pero tú siempre me dices que el tiempo pasa volando, aunque yo nunca lo vi pasar por aquí.
Carmencita ya tenía catorce años y ocupaba toda la alegría de la casa, especialmente el corazón de su papi.
Un Domingo, fuimos a la iglesia, Carmencita se tropezó, su papi de inmediato la agarro para que no se cayera, ya sentados
en el banco de la iglesia, vimos que Carmencita se desvanecía lentamente y casi perdió la conciencia.
Su papi la agarro, y la llevo inmediatamente al hospital;
Allí permaneció por diez días, y fue cuando nos informaron que Carmencita padecía una grave enfermedad que afectaba seriamente su corazón.
Los días fueron pasando, su papi renuncio al trabajo para dedicarse a Carmencita.
Todavía yo como madre, decidí trabajar por los dos; pues no soportaba ver a Carmencita sufriendo tanto.
Una mañana, aun en la cama. Carmencita pregunto a su papi;
Papi??? Los médicos te dijeron que yo voy a morir???
Respondió su papi
No mi amor… no vas a morir, Dios que es tan grande, no permitirá que yo pierda lo más precioso que tengo en este mundo.
Pregunto Carmencita;
Cuando morimos, vamos a algún lugar?
Podremos ver desde arriba a nuestra familia?
Sabes si un día podremos volver?
Bien hija… en verdad nadie ha regresado de allí para contarnos sobre esto, pero si yo muero, no te dejare sola, y donde yo este buscare una manera de comunicarme contigo, y en última instancia utilizaría el viento para verte.
El viento? Y ¿Cómo harías?
No tengo idea hija, solo sé que el día que yo muera, sentirás que estoy contigo, cuando el viento suave roce tu rostro y una brisa fresca bese tu mejilla.
En este mismo día, fuimos informados por los médicos que nuestra Carmencita necesitaba un trasplante de corazón, pues de lo contrario ella no tendría más que veinte días de vida.

UM CORAZON!

DONDE CONSEGUIR UN CORAZON!!!

¿DONDE MI DIOS?

En este mismo mes, Carmencita completaría sus quince años.
Fue un viernes a la tarde cuando conseguimos un donante; ella fue operada y todo salió bien-
Carmencita permaneció en el hospital por quince días y en ninguno vio a su papi, el no fue a visitarla. Cuando los médicos le dieron alta, ella fue a casa
AL llegar a casa, Carmencita con ansiedad grito:
PAPI! PAPI!... donde estas???
Yo Salí de la habitación con los ojos mojados de lágrimas y le dije:
- Aquí esta una carta que tu papi te dejo a ti.
“Carmencita, Hijita de mi corazón: En el momento que leas mi carta, ya tendrás quince años y un corazón fuerte latiendo en tu pecho, esta fue la promesa que me hicieron los médicos que te operaron. No puedes imaginar hija, ni remotamente, cuanto lamento no estar contigo en este momento.
Cuando supe que morirías, decidí darte la respuesta a la pregunta que me hiciste cuando solo tenías siete añitos la cual no te respondí.
Decidí darte el regalo más bonito que nadie jamás pensó que daría a una hija… Te doy de regalo mi vida entera, sin ninguna condición, para que hagas con ella lo que quieras.
¡¡¡VIVE HIJA!!! …¡¡¡TE AMO CON TODO MI CORAZON!!!

Carmencita lloro por todo el día y toda la noche; al día siguiente, fue al cementerio y se sentó sobre la tumba de su padre, lloro tanto como nadie jamás podría llorar.
Y susurro:

“Papi… ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amaba y aunque nunca te haya dicho, ahora comprendo la importancia de decirlo”
“Te Amo” y te pido perdón por haber guardado silencio por tantas veces”
En este instante las copas de los arboles se balanceaban suavemente,
Cayeron algunas hojas y florecillas, y una suave brisa rozo el rostro de Carmencita, miro al cielo, intento secarse las lagrimas de su rostro, se levanto y volvió a su casa.